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NEUROPSICOLOGÍA, DEMENCIAS Y AUTONOMÍA

Autonomía y Alzheimer

LA AUTONOMÍA COMO RESPONSABILIDAD DE TODOS

La sociedad debe hacerse partícipe de las consecuencias que tiene mantener a nuestros mayores en el entorno familiar. La sociedad tiende a la individualidad y nos impone el reto de mantener conductas y actitudes de ayuda y colaboración entre nosotros.

En muchos casos nos falta iniciativa para ayudar a una persona mayor a cruzar una calle, ceder nuestro asiento en el autobús o ayudarle a contar las monedas que necesita para realizar una compra. Cuando estas dificultades son mayores, debido a la presencia de déficit cognitivos o alteraciones del comportamiento, nuestra paciencia se merma en mayor medida, ya que hay situaciones que se nos hacen inexplicables.

“¿Cómo puede ser que haya metido el bonobús 6 veces seguidas mal?”, “le está hablando en pesetas…no voy a llegar a la caja en la vida….”, “y encima se queja de que mi gato le estropea las plantas, cuando es ella quien no las riega…” y un sinfín de situaciones similares y de mayor gravedad nos asaltan en muchos momentos. En muchos de ellos, si no estamos familiarizados con el tema, no pensaremos en las dificultades que puede presentar la persona y, lo que es peor, la mayoría de las personas no se plantean que el funcionamiento adecuado de estas personas e incluso su protección, están a cargo de todos nosotros, ya que son parte de nuestra sociedad.

Estar atentos a las dificultades de los mayores, aun cuando no sean de nuestro entorno familiar, aportará un gran apoyo y comprensión a sus cuidadores y a la persona en sí que sufre este tipo de deterioro.

La educación de la sociedad en estos aspectos es a su vez una responsabilidad de las instituciones públicas, evitando que sean temas que sólo impliquen a las familias afectadas.

LA AUTONOMÍA: UN RETO A LA INCERTIDUMBRE

La convivencia con una persona que sufre un proceso degenerativo como la enfermedad de Alzheimer, tiene graves consecuencias en el funcionamiento diario de muchas familias. La responsabilidad de muchas tareas comienza a recaer en los cuidadores, no sabiendo cómo llevar a cabo el proceso de cubrir las dificultades que encuentra la persona a la hora de realizarlas.

Muchas preguntas nos vienen a la cabeza, como ¿cuál es el momento adecuado para que deje de utilizar dinero?, ¿debo evitar que salga de casa sola o solo?...

Otras cuestiones las solucionamos, como bien podemos: “le administraré yo la medicación”, “debo poner a una persona para que venga a hacer todas las tareas”.

Las familias procuran decidir como mejor pueden, bien asesoradas por profesionales o bien sin ayuda.

En el momento actual conocemos la importancia que posee mantener a la persona con demencia de forma activa, realizando todas las tareas que le sean posibles. Esta forma de afrontar la enfermedad tiene varios objetivos, entre ellos:

-         mantener el rendimiento de las funciones cognitivas y su capacidad para realizar las actividades de la vida diaria.

-         Mejorar su calidad de vida, evitando aislarle con respecto a las decisiones y acciones necesarias para el autocuidado.

-         Mantener su autoestima y satisfacción respecto a su vida

-         Mejorar su afrontamiento frente a la enfermedad.

El mantener a la persona activa conlleva que los cuidadores asuman varias cosas. Por una parte, las tareas quizás no se hagan igual de rápido y bien que si las hiciéramos nosotros. Por otra, existen en la rutina diaria acciones que pueden conllevar pequeños riesgos, como perder algo de dinero en una compra, o tardar algo más en encontrar un establecimiento o un producto concreto. Si somos capaces de asumir este tipo de riesgos, estaremos consiguiendo aumentar el tiempo de autonomía de la persona.

En la balanza de la autonomía deberemos ser asesorados sobre los riesgos que sí hay que eliminar de forma preventiva, sin esperar a sufrir consecuencias importantes. No debemos olvidar que, en muchos casos, nuestra perspectiva será sobre-proteccionista. Por ello, el asesoramiento externo es necesario en la mayoría de los casos.

No debemos olvidar que la enfermedad de Alzheimer y otras demencias son procesos que van limitando el campo de acción de las personas, por medio de la limitación de sus capacidades, pero en cualquier caso no somos nosotros quienes debemos cerrar este campo de acción de forma precipitada.

Precipitarnos sólo traerá nuestra tranquilidad, a cambio de su calidad de vida, su dignidad en muchos casos, una mayor carga para los cuidadores a largo plazo y una mayor sensación de indefensión ante estas enfermedades.