LA AUTONOMÍA COMO RESPONSABILIDAD DE TODOS
La sociedad debe hacerse partícipe de las consecuencias que tiene mantener a nuestros mayores en el entorno familiar. La sociedad tiende a la individualidad y nos impone el reto de mantener conductas y actitudes de ayuda y colaboración entre nosotros.
En muchos casos nos falta iniciativa para ayudar a una persona mayor a cruzar una calle, ceder nuestro asiento en el autobús o ayudarle a contar las monedas que necesita para realizar una compra. Cuando estas dificultades son mayores, debido a la presencia de déficit cognitivos o alteraciones del comportamiento, nuestra paciencia se merma en mayor medida, ya que hay situaciones que se nos hacen inexplicables.
“¿Cómo puede ser que haya metido el bonobús 6 veces seguidas mal?”, “le está hablando en pesetas…no voy a llegar a la caja en la vida….”, “y encima se queja de que mi gato le estropea las plantas, cuando es ella quien no las riega…” y un sinfín de situaciones similares y de mayor gravedad nos asaltan en muchos momentos. En muchos de ellos, si no estamos familiarizados con el tema, no pensaremos en las dificultades que puede presentar la persona y, lo que es peor, la mayoría de las personas no se plantean que el funcionamiento adecuado de estas personas e incluso su protección, están a cargo de todos nosotros, ya que son parte de nuestra sociedad.
Estar atentos a las dificultades de los mayores, aun cuando no sean de nuestro entorno familiar, aportará un gran apoyo y comprensión a sus cuidadores y a la persona en sí que sufre este tipo de deterioro.
La educación de la sociedad en estos aspectos es a su vez una responsabilidad de las instituciones públicas, evitando que sean temas que sólo impliquen a las familias afectadas.